Tercer tiempo: parte 3 (última)

Imagen de Andrew Poynton en Pixabay-tunnel

La fuerza del silencio

Tras nuestra conversación en el papel, te hice un gesto manual para que esperaras y salí corriendo de casa sin decir nada tras quemar la nota. Fui a toda prisa hacia el metro que me dejó en la urbanización de chabolas donde vivía Win. Me recuerdo perfectamete, envuelta en mi túnica y oculta tras mis gafas de sol, emitiendo mis dos silbidos habituales delante de la chabola de Win, que abrió la puerta para que entrara, tan sonriente y lleno de amor como siempre. También me parece sentir el sabor de los largos besos con los que nos recibíamos hasta que teníamos que apartarnos, por el calor insoportable. A día de hoy aún no entiendo cómo sobrevive la gente que vive en chabolas… Bueno, de hecho la esperanza de vida es muy corta en estos sitios. Mediante mensajes en clave le indiqué a Win que necesitaba una reunión urgente del grupo. Automáticamente convocamos una fiesta en lo que llamábamos playa, que era una zona junto al mar refrigerada y protegida que se usaba para el baño en las horas de más calor.

Algunas personas podíamos permitirnos el acceso a esa zona, pero quienes habitaban donde Win no se podían pagar la entrada. Win vivía allí para poder desarrollar su actividad sin sospechas. Estaba desconectado y si lo sorprendían en una zona tan vigilada como la nuestra podía tener problemas, pero la única manera de convocar una reunión urgente sin levantar sospechas era haciéndolo en una zona donde cualquier grupo de jóvenes de nuestra edad y nivel económico solía reunirse.

Entonces te mandé un mensaje para contarte que me iba con mis amigos a la playa y así todo quedaba de lo más normal.

Estuvimos muy poco tiempo en la playa y enseguida llegamos a la zona de la mina abandonada. Los cooperantes habían logrado reactivar ascensores, iluminación, ventilación para que pudiéramos acceder a una zona fresca y sin cobertura, con lo cual, quedábamos prácticamente desconectados.

Ahí fue cuando les pedí permiso para que me dejaran usar las instalaciones para hablar contigo. Fue difícil convencerlos. La seguridad debía ser extrema, porque había vidas en juego y yo no había contado, precisamente, maravillas de ti. No sabía cómo explicarles que tu cara y el hecho de que escribieras en el papel era síntoma de que algo no iba nada bien. Fue Win, que me conocía muy bien quien terminó de convencerlos.



En el comedor ovalado, Vae juega con Mot e intenta estimularlo, Krul se desplaza por la sala como si se pelease con alguien y, de vez en cuando, suelta alguna interjección “¡Toma!” “¡Toma otra!”: está jugando virtualmente. Ona irrumpe en la habitación.

ONA: Mamá, desconecta a Krul y dile a Amensa que los vigile un momento. Vamos a la playa, que hace mucho tiempo que no lo hacemos y quiero hablarte de un chico sin que este mocoso nos oiga. Ya sabes que en cuanto nota que estoy contándote algo, desconecta y se pone a escuchar.

VAE: (Sonriendo) Por supuesto.

KRUL: ¡¡¡NOOOOO!!! ¡¡¡OTRA VEZ, NO!!!

VAE: Krul, tu hermana y yo vamos a salir y tienes que ayudar a Amensa con Mot si fuera necesario.

KRUL: ¿A salir ahora? ¿De verdad? ¿Estáis locas?

ONA: Vamos a la playa

KRUL: ¡¡¡Yo también quiero ir!!!

ONA: Voy a librar a mamá un poco de Mot y tú te vas a quedar aquí calladito y obediente si no quieres que convenza a mamá para que no te puedas conectar en días.

Krul se abalanza para pegar una patada a Ona, pero Amensa lo abraza desde atrás y se lo impide. Mientras Krul intenta deshacerse del abrazo inútilmente, Ona y Vae se envuelven en túnicas y cubren sus ojos con gafas de sol para abandonar la sala.

Protegidas del sol caminan despacio por el calor insoportable.

ONA: Tengo una relación con un chico que se llama Win. Espero que lo conozcas pronto.

VAE: Me alegro por ti, hija, si estás bien… ¿Dónde vamos? (VAE mira a todos lados asustada al ver que no siguen el camino de la playa)

ONA: Tú sígueme.

Entran en una boca del metro.

Tras salir del metro caminan un largo recorrido hasta salir de la zona urbanizada y llegan a un polígono abandonado donde se paran delante de una construcción medio en ruinas. ONA abre con dificultad una puerta metálica que chirría y ella y VAE acceden a la sala de entrada de una mina abandonada.

VAE: ¿Dónde est…?

Ona le hace un gesto con el dedo sobre los labios mientras acciona unas palancas que hacen que se abran unas puertas de un montacargas. Ambas mujeres entran y Ona acciona unos mandos desde dentro y el montacargas comienza a descender a gran velocidad, lo que hace que Vae se abrace a su hija y grite.

ONA: (Riendo) Al principio asusta un poco, pero es muy divertido. Ya verás. (Mira un panel donde van cambiando unas cifras) Creo que ya podemos hablar, pero por precaución, esperaremos a llegar a bajo.

VAE: (Asustada) Tengo frío.

ONA: Sí, sí. No te preocupes. Ahora lo solucionamos.

El Elevador va frenando lentamente. Cuando finaliza, las puertas se abren se ilumina una gran sala, con una mesa de reuniones. Ona acciona unos mandos.

ONA: En seguida se calienta, no te preocupes. Aguanta aun poco (Se lo dice mientras la abraza para que entre en calor, ya que está tiritando)

VAE: ¿Dónde estamos?

ONA: Es una mina abandonada. Aquí podemos hablar. No hay cobertura ninguna. Puedes comprobarlo. Estamos a mucha profundidad.

Vae hace muchos gestos.

VAE: No, no puedo conectarme. Tienes razón… Pero, ¿Cómo conoces este sitio?

ONA: No, mamá, habla tú primero.

VAE: Es muy sencillo, hija: me hablas de que quieres irte, de que la chica de la URF con la que hablaste te habló de cosas buenas. Pero, ¿tú sabes cómo irte?

ONA: (Después de un par de segundos de pensarlo) Sí, mamá, sé cómo…

VAE: (Sonriendo tranquila) No sabes lo orgullosa que estoy de ti (abraza a su hija que tarda un poco en devolverle el abrazo y se separa sin dejar de tocarle los brazos mientras la mira a los ojos) ¿Podrías arreglarlo para que nos fuéramos todos?

ONA (Ojiplática, tartamudea y se separa un poco para mirar mejor a su madre) Sí… Su… supongo que sí. ¿Qué pasa, mamá?

VAE: No debo contártelo, hija, no debo contártelo, pero tenemos que irnos, créeme. Es muy urgente… (Se le llenan los ojos de lágrimas)

ONA: Pero ¿cuándo?

VAE: En menos de cuatro días

ONA: ¡¡¡MAAAMÁÁÁÁ!!!


No quisiste explicarme más, pero no hizo falta. Aquella tarde volví a convocar el grupo de urgencia y tuve toda la explicación que necesitaba. Win ató cabos: lo de tu embarazo fue un ardid de la empresa desde el primer momento; se lo hacían a todas las mujeres que tenían en nómina con hijas fértiles y sanas de edad joven, posiblemente nunca llegaste a tener ningún embrión dentro, pero eso no lo sabrás jamás, por la más cruel de las desgracias. 

La madre y el padre de Win eran ginecólogos. Cuando Win huyó a la URF indagó para saber sobre ellos: si estaban encarcelados, huidos, muertos… Como ocurría con mucha frecuencia, tras tiempo de investigación, se los catalogó en situación de desaparecidos. Ahora creo que tú ya sabías que en los países de Oriente esto es muy frecuente, que las cárceles estaban medio vacías, las listas de personas desparecidas eran interminables y que lo más probable es que hubieran muerto, pero esa muerte jamás se registraba. En ese periplo de localización de sus progenitores biológicos, contactó con algunas personas colegas que los habían conocido y habían logrado huir. Por eso Win sabía mucho sobre cómo se trataba a las mujeres en Oriente. En su país no se las explotaba para gestar para otros, porque solían tener muy mala salud, pero conocía de sobra por lo que teníais que pasar las que caíais en redes de la industria. Fue él, mamá, quien me hizo ver por todo lo que tuviste que pasar: lo que provocaban todas las hormonas que tenías que tomar; que os encerraban durante meses antes y después de la fecundación para ejercer una tremenda manipulación psicológica sobre vosotras, y, sobre todo, y esto fue lo peor, el síndrome de estrés postraumático que implicaba la separación del bebé tras el parto. Sin conocerte te describía como si hubiera vivido contigo toda la vida. Ahí empecé a entender todo, incluso la violencia correctiva que habías ejercido sobre nosotros o tu apatía eterna, que solo se vio alterada ante la posibilidad de que yo tuviera que pasar por lo mismo que tú, que te hizo reaccionar… Pero no tuve tiempo de interiorizarlo para poder darte el amor y cariño que necesitabas… Y es un dolor que no desaparecerá nunca.

En seguida se planeó la fuga y con ella la noticia de que Win debía abandonar el país también porque tanta reunión de urgencia había sido excesivamente arriesgada y ya llevaba demasiado tiempo infiltrado en la misma zona.

Las fugas se hacían por mar y la nuestra era muy complicada porque éramos una familia entera. Tú debías ser la primer en irte, pero te negaste de una manera que yo no estaba acostumbrada. Lo ideal es que se quedaran las personas que más necesidad tenían de ayuda y se fueran antes quienes nos valíamos por nuestros propios medios, pero no había manera de hacerte entrar en razón. Así que la primera en irme fui yo, después Krul, Mot y, en último lugar, vendrías tú…

No supe nada hasta que Win no logró huir también, muchos días después, y nos explicó…


FIN

Deja un comentario