El velo en los ojos

En un Instituto de Enseñanza Secundaria, a finales de la primera década con la que inaugurábamos el siglo XXI, en alguna parte de España, una profesora recibe una amonestación verbal de la directora del centro por llevar puesto un sombrero. La profesora escucha atónita a la directora, que le recuerda que el reglamento de régimen interior prohíbe llevar la cabeza cubierta en las dependencias del centro, mientras observa a una alumna de 1º de ESO entrar en el aula velada con un chador. Esa directora acude año tras año a las manifestaciones del 8 de marzo y repite como un mantra en cada reunión que la alumna de doce años de 1º de ESO elige libremente llevar el chador y ella, como buena feminista, defiende el derecho a elegir libremente de la niña… Es un hecho real y no es un hecho aislado.

No puedo evitar recordar, con dolor, en estos aciagos días para las mujeres del mundo, esta y otras defensas disfrazadas de feminismo, que llevamos aguantando en las últimas décadas, de torturas patriarcales opresoras como el hiyab, chador, burka… (por no hablar del negocio de la violación moral y legalmente aceptada: porno-prostitución). No hace mucho que hemos visto correr por redes de manera viral una imagen lamentable de un montón de personas envueltas en burkas multicolores defendiendo esa libre elección como algo transgresor. Y así, podría estar líneas y líneas enumerando la defensa de la barbarie en nombre del feminismo.

Pero duele aún más encontrar en estos momentos a esas pseudofeministas defensoras de opresiones milenarias, que yo considero títeres del patriarcado ventrílocuo, y a los auténticos autores del discurso, pertenecientes al bando opresor, los feministos y señoros aliades, pretender abanderar ahora la repulsa y respuesta mundial a lo que les está ocurriendo y les lleva ocurriendo desde hace más de quince años a las mujeres en Afganistán. Ahora se unen al grito unánime con el que pedimos que se les abran las puertas de par en par y, cuando estén aquí, defenderán que se permita que sigan sufriendo la misma tortura que sufrÍan en sus lugares de origen. Es posible que, si leyeran estas líneas (lo cual dudo), dijeran que jamás defendieron el burka: burka no, pero hiyab y chador sí… Yo tampoco entiendo nada, pero las explicaciones pídanselas a la posmodernidad, que por aquí estamos más pendientes de que dejen de someternos a la mitad de la humanidad.

Y no terminará ahí la ignominia de esa suerte de entrismo patriarcal en nuestras filas. Tendremos que oír, y ya me sangran los pabellones auditivos de solo pensarlo, que es por su identidad, por lo que se identifica con su imagen por lo que sufren las mujeres afganas y que las cis afganas son unas privilegiadas. Tendremos que leer en algún sitio que quien más está sufriendo en estos momentos en Afganistán son los hombres que se identifican como mujeres. Escucharemos las feministas, pasmadas, a toda la posmodernidad lamentándose de la situación de los trans en estos momentos y llamándonos terfas por no priorizar su sufrimiento y su acogida, así como la aprobación de la ley trans para que puedan ponerse un burka felices si así lo desean… Y dirán que no, que esto es una reducción al absurdo, y que, si alguien arguye tales barbaridades, no son representativos… Pero en realidad lo que estoy escribiendo es absolutamente coherente con la teoría queer y su delirio idealista y antimaterialista.

En realidad estamos asistiendo a un buen juego de alianzas entre las diversas caras del patriarcado que nos mantiene sumisas de diferentes maneras. El patriarcado de coerción le hace un juego sutil y eficaz al de la libre elección: lo que pasa en Afganistán sirve para aterrorizarnos a todas. Al patriarcado capitalista de la libre elección le conviene que las mujeres sufran así en una parte del mundo para que las otras estemos calladitas o soltando estupideces como las que abren este post. Aprendió muy bien la lección el capitalismo de lo que ocurría cuando aún sobrevivían las revoluciones obreras en gran parte del mundo, incluido Afganistán, donde las mujeres tuvieron derechos durante su etapa socialista; mientras existía el bloque socialista, durante la guerra fría, debido al miedo a la revolución en el lado aliado, la clase trabajadora gozaba de derechos que ha ido perdiendo paulatina e incesantemente tras la victoria en dicha guerra del bloque capitalista. Ese mensaje, a veces explícito y siempre implícito de ≪no te quejes, porque mira que bien vives, imagínate cómo están en Afganistán≫ se repite en nuestras cabezas casi de manera inconsciente y es la base de la pérdida de derechos que podemos sufrir en este lado del planeta, donde también nos violan y asesinan, aunque no nos velen y nos dejen estudiar, trabajar y tener propiedades. A esto hay que unir el apoyo que tuvieron (y posiblemente tengan aún) los talibanes por parte de las fuerzas aliadas en la década de los 90 para expulsar a los socialistas del gobierno afgano. Al capital le interesa en la misma medida el fin del socialismo como el triunfo del patriarcado extremo islamista o católico (no olvidemos el retraso en derechos que sufrimos las españolas durante décadas con la connivencia de la ONU, entre otras instituciones).

El feminismo radical, con perdón por el pleonasmo, es más necesario que nunca. No debemos bajar la guardia en ningún momento y necesitamos una revolución feminista mundial, porque las mujeres están oprimidas en todos los lugares del mundo y en todos los sectores de la sociedad. La alianza entre nosotras se hace imprescindible y defender cualquier opresión que no nos afecta directamente es una victoria que los opresores celebran y sufrimos todas. Debemos no solo recuperar la agenda feminista, sino también tomar el poder y empezar a legislar de verdad para nosotras, para que donde el patriarcado siembra la semilla del horror medieval, como el talibán, tengan miedo como una vez lo tuvo el capitalismo de los triunfos de la clase trabajadora.

Si existiera un bloque feminista en el mundo y una guerra fría contra el patriarcado, el miedo al triunfo de esa revolución haría que las mujeres tuviéramos más derechos en el bloque no feminista. Sin embargo, estamos retrocediendo y permitiendo que se nos roben derechos conquistados con mucha lucha y mucho dolor y eso está directamente relacionado con el avance y triunfo del patriarcado más duro en algunas partes del mundo. Mientras sigamos apoyando la OTAN, defendiendo el mito de la libre elección en opresiones milenarias o perdiendo la agenda feminista por culpa de los deseos de algunos hombres con delirios de sumisión, seguiremos teniendo que lamentar cada poco, holocaustos feminicidas como los que acontecen estos días en Afganistán. Los pasos de la libre elección al campo de concentración se caminan sin ver.

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