26J: el principio de la resistencia

En los años noventa y primera década de los dos mil, en muchos municipios había, antes de que se los cargara la recesión, unos planes de formación y empleo cuya finalidad era la inserción de personas en riesgo de exclusión laboral. En mi pueblo, recuerdo, hubo muchas mujeres gitanas que optaron por un sueldo y una formación que les garantizaba un futuro.

Imaginemos un caso, que, aunque no es exactamente real, se parece a algunos que conozco:

Daniel es un chico, hijo de padre gitano, que ha vivido toda su vida con su madre, divorciada desde que él era pequeño, que tiene un pequeño negocio heredado de su familia que les da para vivir cómodamente. Daniel estudia la carrera de Económicas y pronto consigue un buen empleo en un banco, pero, debido a una reunificación bancaria, Daniel pierde el empleo. Imaginemos que en su municipio hay unos planes de formación y empleo como los arriba descritos.

Daniel decide declararse mujer y, tras los tres meses estipulados en la nueva ley que se pretende aprobar el martes 29, Daniel es reconocido a todos los efectos como mujer. Solicita ingresar en los planes de empleo por ser mujer gitana.

Pues bien, podría tener problemas de acceso como gitano, lo cual es lógico, ya que su socialización no es en ningún caso la que de las personas que han crecido en entornos de familias gitanas que sufren exclusión. Sin embargo, nadie puede decir nada por el hecho de ser mujer y podría acceder a las ayudas de cualquier mujer de su edad sin trabajo. Es más, tendría más ventajas por ser mujer trans. Aún habiendo vivido toda una vida de hombre de clase media, con todas las oportunidades que ello da, optaría a esas ayudas. Y eso no es ninguna invención: eso es lo que propone la ley.

Por eso ayer sábado 26 de junio las calles de toda España se llenaron de manifestaciones y concentraciones de feministas exigiendo parar esta ley. Por eso cada vez son más y más las mujeres que realizan lo que estamos llamando “peak trans” que consiste en darse cuenta de que este movimiento no tiene nada de feminista y, lo que es peor, va también en contra de los derechos de lesbianas, gays y bisexuales. Cada vez son más las personas, no solo mujeres, de izquierda que se dan cuenta de los intereses y capitales que hay detrás de todo este movimiento y lo que conlleva.

Vamos a luchar hasta que se agote el último de nuestros alientos, hasta que no quede ni una de nosotras en pie. No vamos a permitir ni el más mínimo retroceso en nuestros derechos. En España las mujeres tenemos la memoria viva de un pasado feudal demasiado reciente que nos tenía sometidas como siglos atrás. Aquí las feministas no vamos a permitir leyes que nos vuelvan a doblegar. Si paramos una ley, las vamos a parar todas.

El mundo volverá a mirar a las feministas de este país. Volveremos a dar ejemplo de resistencia. Volveremos a garantizar un mundo más justo para las niñas del futuro como hicieron antes otras feministas para que yo hoy pueda estar escribiendo estas letras.

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